jueves, 26 de enero de 2017

El tren de los anhelos


Un año nuevo con los mismos sueños e ilusiones polvorientas... después de unos meses difíciles, de muchos deseos y anhelos sobre los rieles de la vida.
Pero... se acaba el primer mes del año... y aun no pasa el tren.




En mi primer paso sobre este nuevo año,
siento el vibrar del tren de los anhelos
los mismos deseos perdidos en antaño
sobre frugales rieles sin consuelos


En este febril comienzo cual engaño,
desvestimos el futuro de flagelos
haremos cosas buenas todo el año
soltando de un golpe los anzuelos


Porque con el cebo del usual auto engaño
aseguramos una pesca sin recelos
entrañas de mil propósitos huraños
regadas inertes por los suelos


 Llenando así los vagones sin desmaño
con estas tripas de ambiciones en duelo
le doy vía en el inicio de este año
al perenne tren de los anhelos










ALVARO RUIZ REYES
Copyright © Alvaro Ruiz Reyes

sábado, 14 de enero de 2017

El duende de la pradera





Después de un largo recorrido hacía el sur de mi amada aldea, de días agobiantes y calurosos, y de noches lúgubres de hielo, por fin lo encontré. Estaba de espaldas a mi tembloroso cuerpo, envuelto en una mágica y deteriorada túnica color café. Lo observé en silencio con el corazón en total quietud, mientras dominaba el fuego con sus enormes y mugrientas manos cargadas de maldad, al tiempo que rugía haciendo estremecer el mundo entero con el poder diabólico de su garganta perversa. Solo podía apreciar su silueta de grandes proporciones a contra luz de la ardiente flama, así que casi no pude darme cuenta cuando sacó de su bolsillo encantado un extraño y brillante objeto ovalado, que parecía capturar todas las imágenes del bosque oscurecidas por la noche negra a merced de sus infames deseos. Y donde, en la distancia, pude apreciar con un terror físico, como se dibujada instantáneamente mi asustado rostro en el interior de ese maligno artefacto de Satanás. Automáticamente, ante el pavor que se desbordaba por mi alma, retrocedí un paso, con el infortunio de reventar una rama seca que quebró el silencio del momento, esparciendo un eco delator entre los protectores matorrales y por el bosque entero. La criatura giró un poco su enorme cabeza y extendió su cuerpo alcanzando un tamaño monstruoso mientras mascaba las siguientes palabras que hicieron explotar en mil pedazos los restos inermes de mi casi aniquilado valor:

- Sé que estas ahí - 

De repente, giró con brusquedad su pesada figura, y sus ojos pardos y malvados se posaron sobre mis temerosas pupilas, llenando mi corazón de horror, mientras se reía a carcajadas con su enorme y pútrida boca mostrando unos afilados dientes amarillos.

Corrí de manera demente por la espesura del bosque encantado, atravesando sombras fantasmales y lamentos sepulcrales provenientes de la oscuridad de la turbia maleza, mientras sentía detrás mío los pasos diabólicos de ese ser de cabellos negros y barba enmarañada que me perseguía sediento de mi sangre cálida y de mi carne trémula, al tiempo que sus estrepitosas pisadas retumbaban por todos los rincones de ese bosque negro en aquella espantosa noche de tragedia. Yo continuaba mi andar frenético atravesando matorrales y tropezando con ramas secas y piedras afiladas, mientras ese demonio continuaba riendo a mis espaldas con su risa malvada y grosera. La distancia entre nosotros era cada vez más corta y podía sentir el vapor de su aliento fermentado en mi nuca sudorosa. Era cuestión de minutos estar indefenso entre las garras mugrientas de ese ser maligno parido por Lucifer que me había atrevido a desafiar en esa fría noche sin luna, a pesar del clamor de mis amigos y familiares para que me quedara en casa y olvidara esos relatos antiguos sobre el duende de mas allá de Bosque, pues simplemente los duendes no existen, nunca se ha visto uno en inmediaciones de la aldea ni en los lugares más oscuros y lóbregos de ese bosque vivo que nos absorbe. Solo los animales salvajes causaban peligro a los aventureros que se adentraban en el corazón de la maleza. Eran devorados por lobos, osos y búhos, y aquellos más osados que cruzaban hacía la frontera sin árboles, simplemente desaparecían sin dejar rastro alguno sobre el tapete verde de la pradera. 

Pero era tarde ya para arrepentimientos, mas aun cuando esa bestia peluda y corpulenta estaba tan cerca de acabar con mi existencia, que podía escuchar el latir acelerado de su corazón emocionado. De repente, y cuando el pesimismo se había apoderado de mi pecho, sentí sus fuertes pisadas un poco más distantes. Su respiración cansada y magullada se escuchaba como un eco a lo lejos entre los árboles gigantes, y un grito adornado de rencor se deslizó por su garganta siniestra alborotando a las aves dormidas en los árboles cercanos. A pesar de la ventaja adquirida seguí corriendo con acelerado andar, surcando quebradas, rocas, matorrales y troncos secos. Pero la naciente calma de mi corazón se esfumó por un estrepitoso sonido seco y catastrófico que hizo estallar el tronco de un árbol a mi lado. Sólo un instante después y antes de recuperarme del estallido de mi mundo, un segundo retumbar estremeció mi aterrado ser al tiempo que hizo volar la tierra y el pasto hasta el lanoso cielo sin luna. Giré en redondo para poner pecho a mi final, y para descubrir la causa del explotar del bosque encantado, que no podía ser otra que la magia negra y malévola del duende de la pradera. Me sorprendí al encontrarlo tan cerca de mis nerviosos huesos, con su roja vestimenta sucia y rasgada, con su barba revuelta y ojos brillantes que me cercenaban en la distancia con una mirada psicópata y espuma en la boca hambrienta. Al verme postrado a su meced perversa, paralizado por un terror cáustico que bañaba mi indefenso cuerpo, extendió su robusto y velludo brazo mostrando un instrumento brillante y alargado con dos bocas redondas en el extremo. No había terminado la inspección de ese extraño elemento cuando otro trueno ensordecedor fue escupido por uno de los orificios de ese grotesco dispositivo junto con una bocanada de fuego que iluminó por un instante la negrura de la noche e hizo volar nuevamente la tierra húmeda y el pasto inerte hasta el firmamento nocturno, bañando con el olor a lluvia de la tierra viva, mi rojizo cabello y mi piel dormida. 

Lanzó una vez más un aullido de ultratumba arrojando vapor por las fauces hirvientes, y comenzó a maniobrar su mágico artefacto que expelía fuego por el extremo. Fue en ese lapso cuando emprendí una vez más mi despavorida huida con el ánimo de no volver a mirar hacia atrás a ese titánico engendro del diablo con mágicos poderes que quería llevarse mi alma asustada al otro mundo. 

Corrí y corrí en la granulosa noche y en la fragosidad del bosque, con los pies debilitados, el corazón exhausto y el valor extinto, mientras el malvado duende derribaba árboles a su paso como si fueran ramas secas y rugía de rabia como oso herido, debilitando aun mas mi lastimado espíritu. Después de mucho correr sentí como las fuerzas me abandonaban y el aliento se esfumaba con mis quejidos. Mi monstruoso persecutor aprovechó ese halo de debilidad y arrojo su último ataque a mi carne blanda golpeando con una de sus fuertes garras mi rostro curtido y escurrido en sudor de hielo, arrojándome como a un saco de paja por el denso aire nocturno dejando una delicada estela de sangre flotando en el ambiente. Caí como piedra en la hojarasca, al otro lado del lago de arena, con el pecho acongojado y con los labios y la barba bañados en sangre. Estaba desprotegido, desparramado sobre el suelo y con el miedo congelando mis piernas adoloridas. El duende soltó una carcajada de alegría y corrió con rapidez ante mi cuerpo vencido y ensangrentado. Lanzó una malla mágica sobre mí para impedir mi fuga y se apresuró a cruzar el pequeño lago de arena que nos separaba en el corazón del bosque. Después posó sus enormes pies sobre la arena y con algo de dificultad avanzó mientras vitoreaba y cantaba un peculiar estribillo. A pesar de la penumbra podía distinguir su rostro sucio de ojos pardos y brillantes, con labios gruesos enmarcando una boca humeante de amarillentos dientes. Ya sentía esos feroces dientes hundirse en mi piel y absorber mi sangre aguada, arrancar mi carne y tragar mis entrañas jugosas cual festín fogoso, cual jolgorio rimbombante, cual éxtasis ahumado proporcionarían mis huesos a ese ser endemoniado que ahora estaba a menos de dos pasos de mi ser cobarde. Cerré los ojos resignado a no observar su boca abierta al devorarme, y traté de morir a la fuerza para no sentir dolor, pero un grito desesperado de ese ser diabólico interrumpió mi cometido y abrí los ojos a su figura malvada. Su cuerpo estaba siendo devorado sin compasión alguna por las abrasivas arenas movedizas del bosque. Su peso era tan descomunal que sucumbía ante la bocanada de ese lago seco frente a mí, arrojando alaridos de lobo apaleado y estirando sus fornidos brazos al manto negro de la noche. De repente golpeó mis ojos con su mirada asustada, y dijo con una voz portentosa y desesperada:


- Ayúdame duende, por favor, no me dejes hundir en estas arenas movedizas -


Su súplica estaba cargada de miedo, de terror.


- Por favor duende ayúdame, prometo no perseguirte mas -


Lo miré estupefacto, no parecía el mismo monstruo que hacía unos instantes me perseguía con locura, más bien era parecido a mí, y a los míos, solo que con un tamaño monumental. 

En ese momento la luna asomo su rostro de plata y acarició todo el bosque con su luz pálida. Pude apreciar con detalle al ser que luchaba con las arenas que lo succionaban. La claridad se había llevado su apariencia maligna y horripilante, mostrando un ser grande pero inofensivo.

- Amigo duende, no me dejes morir, perdóname y ayúdame por favor – 

No comprendía por qué me llamaba duende, ¿acaso me creía uno de los suyos? ¿O era esta su estrategia vil para forzar mi ayuda? Traté de soltar la red encantada que me apresaba en medio de los alaridos del duende. Aun no había decidido ayudarlo cuando este ser arrojó una pesada bolsa cerca de mí y me dijo antes de ser devorado por el polvo de tierra negra:

- ¡Vete a la mierda duende infeliz! –

En el interior de la bolsa reposaba un raro elemento cilíndrico color rojo carmín con una chispa que bajaba por un cordón negro en dirección al extraño cilindro. Con un chasquido de los dedos desaparecí el elemento y fue en ese momento cuando caí cuenta que pude haber hecho eso al comienzo de la persecución, desapareciendo mi figura a la mirada de ese duende malvado. 

Terminé de soltarme de la malla hechizada del duende y seguí rebuscando en su deteriorada bolsa, encontrando muchos papeles y objetos increíbles, pero lo que más me causó sorpresa y confusión fue un viejo libro con apuntes, seguramente elaborado por el duende de la pradera con su mente enferma. Aparecía un dibujo de un ser muy parecido a mí, con la misma vestimenta, orejas puntiagudas y barba poblada y liza, pero tenía el encabezado de “Malvado duende del Bosque” 

- ¡Ja! Duende demente – dije en la espesura del Bosque Encantado, y con un chasquido de los dedos aparecí en la mi carnavalesca aldea de los Árboles, y corrí a contarle a mis amigos Gnomos y a las Hadas sobre mi aventura vivida con el Duende de la pradera.




FIN



ALVARO RUIZ REYES
Copyright © Alvaro Ruiz Reyes


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 MAR DEMENTE

sábado, 31 de diciembre de 2016

VIEJO AÑO QUE TE MUERES



Quiero compartir éste poema melancólico inspirado en éste año 2016 que pronto se despedirá. Un año que en lo personal dejó bellos acontecimientos y experiencias maravillosas, pero también muchas desgracias. ¡Vete ya 2016!... y llévate todo lo malo.


***


Agonizando el viejo año se despide
en su frío lecho de sábanas gastadas  
con su aliento ceniciento y triste
en medio de bailes y alharaca


Ya su rostro marchito se oscurece
mientras el cielo en destellos se derrama
anunciando al anciano que se muere
y la pasión de un pueblo que aun lo aclama


En sus ojos tristes el llanto resplandece
como una explosión de llamas apagadas
de una vida entre penas y placeres
corta existencia desgastada


Viejo año que hoy sucumbes
llama macilenta que se apaga
no me dejes despedirte
con la mirada mojada


Y hoy anciano que pereces
entre pitos y pólvora quemada
permite decirte que te mueres
dejándome menos dichas que desgracias







ALVARO RUIZ REYES
Copyright © Alvaro Ruiz Reyes

jueves, 24 de noviembre de 2016

El Amor



Comparto con ustedes mi mas reciente poema...pero mas que un poema, es una reflexión después de muchos años de ver las distintas caras del amor, sus matices, sus mentiras y verdades.





El amor ya no es una flor salpicada de luz en la mañana
es el agua fresca que la mantiene viva

El amor no es que te piense todo el tiempo
es que nunca te olvide

El amor ya no es aquella canción del corazón
es un llanto vivo a media noche

El amor no es un rosario de suspiros de miel
es el lamento avinagrado de tu ausencia

El amor ya no es aquel pájaro que surca la libertad del cielo
ni sus alas vaporosas doradas al sol de la tarde...
es el aire donde desliza su alegría con cuidado,
es la rama donde reposa su cansancio.

El amor no son tus ojos ni su brillo
es el calor de tu mirada sincera

El amor no son tus manos ni su roce suave
es la fuerza con que sostienes mi vida entera

El amor no es sólo que te quiera con locura
es que te respete con el alma y con cordura
es la costumbre de los días y sus noches
un vientre con vida propia que se hincha
mil Juguetes que se riegan en la sala
el desorden de los juegos y sus risas
los problemas a la hora del almuerzo.

Es la dicha de saber que los años dispersaron los fragmentos
de sentimientos banales y fantásticos sueños
es saber que se vistió de realidad
que se fortaleció del sufrimiento
que sobrevive no solo con besos

En conclusión sincera…
el amor son unos rizos de oro y su ternura
también una aguda voz de ratón,
sus locuras y mal genio.
Es un llanto vivo a media noche,
su rabia y su dulzura
plastilina de colores en el suelo
agua regada en la cocina
es el caos explosivo de las tardes
el desvelo interminable de las noches
los juegos infinitos en el parque
y tres coches guardados en el carro

El amor ya no es lo que era
es la verdad y lo difícil…
pero aun estas aquí
el amor es mi familia,
mi amor eres tu





ALVARO RUIZ REYES
Copyright © Alvaro Ruiz Reyes

viernes, 11 de noviembre de 2016

Noviembre en la distancia


Poema de mi autoria escrito hace varios años, inmerso en la melancolía de la distancia.



Suenan los tambores
y lloran las gaitas
ya no existen los dolores
mientras las negras bailan
con sus ropas de colores
y caderas anchas
celebrando los amores
de mi tierra amurallada,
llena de fragores
de gritos y alharaca
entre los mil sones
que a la independencia cantan
todos los moradores
de mi Cartagena amada
gozando los ardores
y la chispa exagerada
de los buscapiés y sus vapores
estruendos que me llaman
a disfrutar de las pasiones
y de la piel enmaizenada,
del gusto de señores
por las reinas coronadas
son todas las razones
que me llenan de ganas
de correr a los rincones
de esa tierra engalanada
y besar en los balcones
a mi novia amada
olvidar todos los dolores
y el sufrimiento de mi alma
por no escuchar esos tambores
ni el grito de las gaitas
encerrado entre los barrotes
de esta distancia obligada
que me aleja de las fiestas y rumores
de mi tierra añorada.





ALVARO RUIZ REYES
Copyright © Alvaro Ruiz Reyes


jueves, 3 de noviembre de 2016

EL CARNICERO DE KRYPTON (Parte final)




PARTE FINAL



- ¡Lois, Lois! –Susurró Mark, el camarógrafo– Ya estamos al aire, ¡reacciona por Dios!

- Buenos días Metrópolis, América y el mundo. Nos encontramos en el interior del Banco central en una terrible situación que ha conmocionado al planeta entero. Como pueden apreciar el recinto se encuentra destruido, estamos en medio de escombros y tememos que en cualquier momento la edificación ceda. Pero eso no es impedimento para llevar a todos ustedes la información en vivo y en directo, de primera mano y en voz de los protagonistas. Se encuentra conmigo el señor… –vaciló un segundo– el señor… Superman, conocido héroe del pasado, el cual hoy es el responsable directo de este caos que nos sorprende en esta fría mañana de Octubre. Señor… Superman, lo ven millones de televidentes en toda la faz de la tierra, muchos de ellos seguramente, familiares del millar de víctimas mortales que ha dejado su terrible andanada criminal y saqueo de bancos en varias naciones del planeta. Creo que todos ellos, al igual que los demás seres humanos que poblamos la tierra, nos hacemos la misma pregunta: ¿Por qué?... ¿Por qué se ha vuelto malvado señor Superman? ¿Por qué saquea bancos y asesina inocentes, los mismos que juró defender un día? Díganos por favor, el mundo lo ve, y lo escucha.

- Excelente introducción Lois, gracias por no llamarme carnicero. Realmente no me gusta ese grotesco apodo. Quiero comenzar revelando un secreto, por el que todos los reporteros del mundo hubieran dado la vida por descubrir hace un par de años. Creo que a pesar de mis acciones aun lo quieren saber. Me refiero a mi identidad secreta. Es cierto, no ando vestido de payaso todo el día. Sería muy difícil ir al baño. Pero bueno, todos estos años me he refugiado en una persona tímida, introvertida, estúpida y complaciente. Ha sido mi mascara, mi disfraz perfecto. Aunque a veces no puedo creer la estupidez de todos los seres de este planeta que no pueden reconocer mi rostro, especialmente los más cercanos a este personaje, que con un simple par de lentes ridículos puede esconder todo mi poderío y singularidad. Habitantes de la tierra, ciudadanos de Smallville, trabajadores del diario El Planeta, y reporteros en general, déjenme decirles que son unos completos estúpidos. El hombre detrás del disfraz tiene como nombre… Clark Kent. Si, Lois, tu ex compañero de aventuras. El insignificante Clark. Si Jimmy tu introvertido amigo, el que siempre te trató bien. Si Lana, el que se enamoró de ti en secundaria, el mismo mequetrefe que nadie tuvo en cuenta jamás. El que solo se ponía unos lentes de idiota y gastaba mucho dinero en botones de camisa cada vez que dejaba aflorar al súper héroe, al “Súper hombre” y ahora convertido en el verdadero “Übermensch”. Habitantes de la tierra, todo este tiempo los ha protegido, y últimamente jodido, un simple nerd. Miren todos, aquí traje mis antiguos lentes. 

Se colocó las horribles gafas y pareció que todo el planeta gritará al mismo tiempo, en especial los amigos del sobrio Clark Kent.

- Lo ven, soy Clark, ahora el carnicero, una vez más Clark, y finalmente su amado y odiado Superman. Solo con un par de gafas. Pero bueno, esta confesión de mi identidad es sólo el comienzo. Lo que quieren saber es ¿por qué cambié de actitud y me volví el villano mas malvado del planeta? Está bien, lo contaré, con mucha más fluidez gracias al sepulcral silencio de mi entrevistadora. Despierta Lois, no sigas enterrando tu carrera.

- Este…Clark, no puedes ser tú. No, no, no. Tú no. Tú eres bueno, él es malvado.

- Créelo Lois, Clark y yo somos la misma persona. Y por favor no me vuelvas a interrumpir con ese tipo de tonterías. Bueno amigos de la tierra, todo comenzó después de los homenajes, de los reconocimientos y alabanzas por mi último acto heroico al derrotar a Luthor. Al frustrar esa macabra acción misteriosamente comenzaron a desaparecer los delitos en todo el mundo. No había robos, asesinatos, guerras, y lo más increíble de todo, desaparecieron los desastres naturales. El buen Superman tenía unas merecidas vacaciones. Pero lo que en ese momento no sospeché, era que el pobre Clark resultaría afectado del despido masivo de reporteros de ese tipo de noticias. Solo quedaron periodistas deportivos, de variedades, de farándula y ese tipo de sandeces. Al principio no hubo problemas. Que más le podía pedir a la vida. Podía volar, correr, y mirar a través de los muros. Pero mi parte humana, la que se acostumbró a vivir cómodamente, empezó a devorar mi tranquilidad. A meterme ideas locas y absurdas en la cabeza. No necesitaba dinero para obtener todo lo que yo quisiera, pues tenía el regalo de mis poderes. Fue así cuando en un día de hambre, después de quedar en la absoluta miseria. Quiero resaltar que busqué empleo en esta gran nación, pero ya nadie quería un reportero de mi especialidad. Así que ese día de hambruna y miseria volé sigilosamente hasta el mercado de la ciudad y hurté con una habilidad increíble muchos alimentos. Después en un almacén de ropa hice lo mismo, cambiando mis harapos por vestidos de excelente calidad y marca.

- ¿Clark por qué no volviste a Smallville, a tu granja, con tu madre?

- Cuando salí de ese pueblucho juré que jamás volvería a esa vida de granjero. Además, al principio me gustó la pobreza, ¿y sabes por qué? Porque me sirvió de excusa para la locura. Para iniciar en el cosmos del crimen. Nadie lo sabe, pero antes de robar bancos hurté mil tiendas de abarrotes, muchas billeteras en el Metro, y en varias ocasiones maté vagabundos por placer. Me sentí como un niño otra vez. Podía hacer lo que quisiera y nadie podía evitarlo. Así que se me ocurrió el juego de robar bancos sin ninguna precaución ni estrategia. Ya era hora de que el mundo se diera cuenta del enorme estado de indefensión en que se encontraban con respecto a mí. Así que robé este Banco, y siguió el otro y el otro y después las joyerías, y no pude parar, simplemente esa acción endemoniada de robo me entregó la paz que tanto necesitaba, aunque suene paradójico o contradictorio mi argumento.



- Pero señor Kent, comienza asegurando que por motivo de la “extraña paz mundial” y calma climática, y su posterior despido del diario El Planeta, se vio empujado, y obligado a dedicarse al crimen para sobrevivir, además, porque esta “gran nación” no pudo ofrecerle otra oportunidad laboral. Después me dice que ésta actividad delictiva le proporcionó la paz y tranquilidad interior que tanto necesitaba su alma, y al mismo tiempo manifiesta que comenzó como un juego, algo que disfrutaba. Además de sonar contradictorio como asegura, es sumamente rebuscado, y en una opinión personal, bastante estúpido. Teniendo en cuenta que, si las oportunidades no llegaban como reportero, podían llegar para realizar otra actividad dentro de la legalidad, honradez y dignidad ¿No cree que estás razones aquí expuestas subestiman el intelecto de toda la humanidad que sigue en vivo y en directo ésta entrevista? ¿en realidad cree que mostrando esa imagen de pobre niño hambriento los seres de éste planeta vamos a sentir algo de piedad por usted y justificar su accionar demente?


- Jajaja Lois, ¡que excelente discurso! Veo que tu talento no sólo es en la cama, tienes una mente audaz y una habilidad histriónica absolutamente convincente. Seguro que los pelmazos que ven idiotizados este “remedo” de entrevista se lo tragaron entero. Pero déjame decirte que detrás de esa falsa moralidad hay algo muy cierto. Nunca me movió el hambre o la pobreza que yo mismo elegí vivir. Estos poderes bullen en mi cuerpo con una violencia demencial. Es una energía incontrolable y pura. No puedo tirarme en un sillón a ver el televisor en las noches, pasear el perro en las mañanas, y hacer una siesta después de un almuerzo recargado. Tengo que explotar mis habilidades todos los días y dar rienda suelta a toda esta energía acumulada. No encontré mejor forma que atacar a su “Dios dinero”, para que me atacaran con su mejor arsenal, ¡Que idiotas! Muchas veces tuve ganas de mostrar lo indefensos que son, arrancando el techo de la Casa Blanca de un tirón y arrojar a su Presidente directo al sol. Y repetir ésta acción con todos sus “lideres” en la geografía mundial, camada de políticos corruptos de la peor calaña. No, no merecían tanta clemencia de mi parte. Era mejor que vieran la sociedad ser destruida poco a poco por su otrora mejor aliado. Y por favor Lois, no me vuelvas a llamar señor Kent, tanta formalidad me pone de mal humor.

- Está bien…Clark… ¿pero no sientes remordimiento por los miles de personas inocentes que has asesinado?

- Quiero aclarar que no he matado a nadie inocente por deseo, bueno, solamente a un par de vagabundos. Las personas que fallecieron en mis robos fueron principalmente policías, soldados, hombres de guerra que llegaron a atacarme. Fueron sus bombas y misiles los que rebotaron en mi cuerpo y destruyeron pueblos y ciudades completas. Fue su misma estupidez la que ocasionó esas muertes de inocentes. Ese indestructible amor por el dinero el que rompió la fuente y propicio el derramamiento de sangre humana por toda la tierra. Por eso me disgusta tanto ese calificativo, ese apodo de “carnicero”, yo no he matado a ningún civil.

- ¿Y qué me dices de las 50 personas asesinadas el día de hoy?

- Buena pregunta Lois. Es hora que el mundo sepa que después de mi robo numero 93, la fuerza pública colocó un número determinado de hombres armados en cada banco importante con el disfraz de civiles, como reses al matadero. Todos saben que las balas no me afectan, y aun así enviaron a esos pobres borregos a una muerte segura. Estos 50 amontonados en la sala contigua, pertenecen a ese escuadrón secreto de imbéciles.

- ¿Entonces a usted no le gusta matar?

- Bueno, solo cuando se trata de hombres armados, atragantados por el poder del plomo. Pero lo que más me gusta es generar miedo, pavor y caos. 



Mientras la entrevista transcurría, en el cuartel general, los militares preparaban la estocada final:

- Es el momento general. Tenemos la aprobación del presidente. Que comience el ataque con toda la artillería y los explosivos de Kriptonita. Que Dios tenga piedad de esas almas inocentes, los verdaderos héroes de la historia. 

- Señor secretario, esto es por el bien de la nación y del mundo entero. Mis hombres están preparados para acabar con el villano. Téngalo usted por hecho. Mañana América, y el planeta cantaran en el funeral de ese malnacido.

- Dios lo oiga general, Dios lo oiga. Pero bueno prepare todo. Estaré con el presidente pendiente de la operación.

- Murray, la operación esfera verde fue aprobada. Prepare a los hombres e informe a los ingenieros del campo de fuerza. En cinco minutos atacamos.

- ¡Si señor, operación el curso!





- ¿Clark, entonces tus robos continuos son sólo por placer y por “descargar” adrenalina? ¿Tienes un plan para todo ese dinero?

- Mi querida Lois Lane, ¿qué clase de pregunta es esa? Una reportera de tu categoría no debe preguntar esas sandeces. ¿Para qué es el dinero? No, no respondas. Dejemos que nuestros inteligentes televidentes se respondan solitos. Por otra parte, no quiero parecer insistente con el tema del nombre… pero desde éste momento no me llames Clark. Creo que a partir de este momento no me sirve ese disfraz. Más bien llámame por otro nombre, uno más adecuado a mi pensamiento…cual será…cual será… ¡ya sé! llámame “Übermensch”.

- No sabía que te gustaba Nietzshe. Creí que pensabas que toda la humanidad era estúpida. ¿Bastante raro no crees? Hasta donde tengo entendido la única sociedad que conoces es la nuestra, la humana. 

- Te equivocas Lois, tuve un aprendizaje extenso de mi raza y mi pueblo en mi fortaleza, al igual que muchas otras razas y culturas en éste basto universo, por eso hablo con la solidez del conocimiento. Por otra parte, la humanidad si es estúpida, temerosa, y violenta. Pero el hombre como individuo puede ser fascinante si se libera de ciertos dogmas y creencias, y por supuesto, si se descontamina de los valores establecidos.

- Interesante señor “Übermensch”, ¿así se pronuncia? ¿No? Olvídelo entonces, cambiemos de tema por favor. ¿Qué pretende hacer si por alguna razón logra escapar de este encierro?

- Sencillo, Lois. Entregarme a mi nueva pasión. Que es…

En ese momento las luces al interior del Banco se apagaron quedando todo el lugar bajo el manto de las sombras y del peso del silencio. De repente un raro y poderoso zumbido se apoderó de la edificación completa y un resplandor verde intenso bañó la quietud del recinto. El villano se tiró rápidamente al piso mientras se pintaba en su rostro maltratado la señal marcada del dolor. Fue en ese agudo instante de terror, cuando Lois impregnó su vida de valor y sacó de su bolso una esfera metálica y la arrojó rápidamente contra el mal herido héroe, explotando suavemente sobre su cuerpo retorcido y esparciendo un gas verde que contaminó toda la sala. Los gritos de los rehenes se confundieron con las órdenes de cientos de soldados que ingresaban disparando contra la figura teñida de verde en el suelo lustroso de granito pulido. Por el ala derecha un tanque de guerra atravesó los muros acabando con las pocas moléculas de oxigeno que se fundían en al abrasivo ataque de humo y polvo. Mientras los 204 desdichados rehenes gritaban y lloraban cubiertos por la penumbra y el miedo. 

- Lo tenemos, lo tenemos. ¡Accionen los explosivos verdes de una vez! 

- Señorita Lane, por aquí, ¡rápido, rápido! ¡Esto va a volar en mil pedazos!

Un rugido colérico cargado de odio y rencor destruyó los demás ruidos y reinó por un instante eterno en el destruido edificio.

El Übermensch, el villano, el carnicero, el extinto héroe de la humanidad, voló por la abertura del techo que atravesaba todos los pisos de la tambaleante edificación moribunda surcando la lluvia de escombros y desperdicios que caían como balas bañadas por el toxico aliento de la Kryptonita mortal, por donde unas horas antes había intentado escapar chocando de frente con su barrera asesina. Esta vez soportando el dolor y la debilidad voló alto, muy alto, mas alto hasta sentir como sus pestañas y su cabello se desintegraba con el cálido abrazo de ese veneno verde y letal. Cuando alcanzó el límite de la vida y la muerte, apretó los dientes hasta quebrarlos por completo, y se lanzó contra el suelo partido de la sala principal del banco, atravesando una vez más el túnel infesto de 80 pisos de destrucción y muerte hasta impactar como misil nuclear contra la tierra ansiosa de su cuerpo poderoso y fragmentado, causando una explosión que se llevó al demonio al edificio, a los 204 rehenes y a media ciudad en una nube de polvo y fuego cual bocanada ardiente del infierno. Poniendo fin a la trágica comedia del héroe representativo de la nación, del mundo, del universo, en un relámpago cegador de justicia divina, que iluminó la existencia de la humanidad por toda la eternidad.





- Tom, Peggy, esto es una locura. Se ha partido el anillo de seguridad, todos corren por salvar sus vidas. Vemos como se acerca lentamente la nube de polvo y fuego que está acabando con la ciudad de Metrópolis, y donde muy seguramente también, ha cobrado la vida de miles de policías, soldados, y personal de la guardia nacional. Es una tragedia Tom, un golpe duro para la humanidad Peggy. Hace unos pocos instantes vimos cómo el campo electromagnético de Kriptonita se hacía cada vez más pequeño, en un intento de atrapar, o mejor dicho, asfixiar al villano. Y luego sobrevino la destrucción, el caos. El edificio de 80 pisos se vino abajo lentamente justo antes de volar en mil pedazos junto con la barrera luminosa, y la vida de los inocentes, de los 204 rehenes, de los valientes reporteros en cabeza de Lois Lane, Mark Applewhite, y Jimmy Olsen. Jamás los olvidaremos compañeros. Le entregaron al mundo la información, pagando un alto precio por ésta. Tom esto es horrible, creo que es momento de despedirnos, buscaremos un lugar seguro para seguir transmitiendo los detalles.

- Bill, un momento, Bill. El villano, ¿qué paso con el villano? ¿Acaso se pudo observar desde tu ubicación si salió volando, si escapo?

- Imposible saberlo Tom, pasó muy rápido, es…todo…esto…no…

- Hemos perdido comunicación con Bill Thompson por el momento. Trataremos de restablecer la transmisión desde la zona del desastre en pocos minutos. Mientras tanto observemos las imágenes del instante de la catástrofe. ¿Que pudo haber pasado Peggy?

- Tom, antes de la caída del edificio observamos, y Bill lo resaltó, como la esfera luminosa que servía de campo de fuerza, o de barrera protectora, se hizo repentinamente más pequeña. Seguramente fue una acción planificada para acabar con el secuestrador, con el carnicero de Kryptón. Lo que no sabemos aun es, si lo que pasó después también estaba dentro de los planes de los militares. Creería que no Tom.

- Pienso lo mismo Peggy, pronto conoceremos los detalles. Pero sin duda alguna es un día negro para la humanidad. Volvemos en instantes, no se muevan.





Un tiempo después...

- Por eso amigos de América, compatriotas. Puedo afirmar después de 5 meses de la tragedia, que la amenaza extraterrestre llamada Superman, ha sido destruida en la explosión de Kryptonita del Edificio del Banco Central de Metrópolis. Su cuerpo se desintegró producto de la alta radiación concentrada en el lugar. Todos sabemos que a los de su especie, en este caso a él por ser hasta hace 5 meses el único sobreviviente de un pueblo entero, este tipo de mineral, o elemento, representaba la muerte. Quiero que recordemos a todos nuestros héroes humanos. A los rehenes que soportaron durante horas la tortura, a los valientes periodistas que se sacrificaron por el bien del planeta entero, y por supuesto a los valiosos hombres que entregaron su vida en esa mañana gris de un Octubre negro. A todos ellos los mantendremos en nuestros corazones y en el recuerdo colectivo, por la eternidad. Muchas gracias.

- Cambia de estación Linda, me aburre el presidente.

- No te puedes quejar Harold, después de 5 meses aun siguen hablando de tu muerte.

- Estas equivocada mi querida y adorada Linda Lloyd, aquí tienes a tu lado al muy gentil y formal Harold Taylor, nada que ver con el tímido Clark Kent o el demente Superman. Soy un millonario pacifico que ama su vida y no se mete en problemas. Mira, mi cabello es rubio como el cualquier americano común y silvestre. 

- Ya lo puedo ver, aun me sorprendo de lo bien que salieron las cosas en ese edificio. Para ser sincera temí por mi vida, y por la tuya.

- Sabes, el sol amarillo de este sistema no solo me proporciona músculos y poderes sobre humanos. También me da una inteligencia y una astucia sin igual. Creo que te lo demostrado. Ese polvo que me lanzaste en el momento exacto fue fundamental para bloquear la radiación, ya lo sabes.

- Pero no te hará falta utilizar esos poderes a la vista de todos. ¿Alimentar tu ego salvando vidas, recibiendo aplausos y medallas, o robando bancos con tu fuerza para descargar la fuente inagotable de energía que bulle en tu cuerpo?

- ¿Para qué quiero volar por los aires si tengo un jet privado perfectamente equipado? ¿O para que correr rápidamente con mis piernas si ahora tengo el poderío de este Ferrari? No, Linda, para nada. Ahora tengo todo lo que quiero. Además, la vida de un héroe es privada de comodidades. ¡Sabes, los héroes también se cansan!

- ¿Era necesaria tanta destrucción, tanto teatro y tantas vidas sacrificadas?

- Si, brindamos un excelente espectáculo ¿no crees? Recuerda, los súper héroes, también se aburren.

-Mira Harold, la portada del diario el Planeta anuncia la muerte de Lex Luthor y su compañero de celda Robert Doyle, en extrañas condiciones.

- ¿Si?, que interesante. A pesar de todo creo que ese calvo demente será un buen gobernante, ¿no crees? Después de todo el verdadero Übermensch siempre ha sido y será Lex Luthor. Además, si el poder le vuela los sesos y la razón, aquí estoy yo para patearle una vez más su huesudo trasero. Vamos, te invito un Martini.






FIN



ALVARO RUIZ REYES
Copyright © Alvaro Ruiz Reyes




lunes, 31 de octubre de 2016

OJOS AZULES, Presencia enloquecedora (Final)



PARTE FINAL





Recuerdo el día en que visité la casa de Orlando. El sol emanaba un calor tan intenso como ningún otro día de ese mes. Estaba en el carro, parqueado frente a su casa con un temor singular por conocer la verdad. La casa a simple vista parecía estar deshabitada, pero me di cuenta que las ventanas se encontraban abiertas y se escuchaba a lo lejos la melodía de una balada. Me bajé del auto sin mucha prisa y me dirigí a la puerta de la casa. Toqué el timbre y esperé, quizás unos cuantos segundos, pero no hubo respuesta. Volví a tocar el timbre y mientras seguía en mi angustiosa y sofocante espera, recordaba aquellos momentos cuando Orlando era un frecuente visitante de mi consultorio, de aspecto lánguido y rostro que plasmaba una interminable agonía y dolor. Un hombre de no más de 30 años con una importante enfermedad que comprometía sus pulmones. Pero mi rápido viaje a través del tiempo fue interrumpido por la puerta que se abrió: 

- ¡Doctor pero que sorpresa! – dijo mi antiguo paciente evidentemente contento.

Su aspecto no había variado mucho luego de varios meses desde la última vez que nos vimos, cuando me entregó el cuadro, a excepción de su mirada que se notaba claramente llena de vida. 

- ¿Que lo trae por acá doctor? Vamos pase, ésta en su casa – me dijo con tono familiar 

- Muchas gracias Orlando – dije mientras cruzaba la puerta.


Siempre he sido consiente que la relación entre un médico con su paciente se desarrolla mucho más rápido y de manera franca y honesta que la de dos amigos cercanos. Conocía muchos detalles de su vida, como el fracaso de su matrimonio, pero a pesar de esto, no podía dejar de sentirme incómodo. Supongo que siempre me he sentido incómodo con cualquiera. 

Me senté en el sofá de la sala ocultando la ansiedad que estaba por desbordarse a ese punto de la visita. Él se me acercó y me ofreció un café, pero dije cordialmente que no. Le pregunté cómo iba su salud, a lo que respondió.

- Muy bien doctor. Gracias a usted puedo seguir con mi vida –

No respondí nada. No tenía ánimos de seguir una charla que no llevaría a nada ni mucho menos la fuerza para fingir una respuesta cordial. Estaba destrozado mentalmente en ese punto de mi vida. Simplemente me quedé allí, mirando a un vacío en mi mente y esperando la respuesta a una pregunta que ni siquiera me había animado a formular. 

- Doctor ¿qué le pasa? – Dijo él con un tono más serio

La pregunta era sencilla para responder, pero difícil para pronunciarla. En ese punto pude darme cuenta que la mujer del cuadro no solo controlaba mis emociones, sino también manipulaba mi mente. Con gran esfuerzo pude sacar las palabras que tanto deseaba pronunciar.

- ¡el cuadro! –

- ¿el cuadro? – dijo él mientras se inclinaba hacia adelante

- Si, el cuadro que usted me dio hace tiempo, ¡hábleme de él! –

Miré la expresión de su rostro y esperaba ver plasmada la viva imagen del misterio, pero fue todo lo contrario. El hombre sonrió y tomó un sorbo de café y se quedó allí mirándome con esa sonrisa que me resultaba imposible descifrar. Se levantó de la silla en la que se encontraba, justo al frente mío y dijo: 

- Mi abuelo solía llamarla “la reina desnuda – pausó – Según cuenta mi abuelo, ese cuadro lo pintó un viejo amigo suyo de la escuela. No recuerdo su nombre, creo que era algo como “Joselito” no estoy seguro, pero sé que era un estupendo pintor. Y bueno ese cuadro le fue obsequiado a mi abuelo como una muestra de afecto. Significaba mucho para él, desde entonces, ver ese cuadro colgado en la sala de la casa – 

Me resultaba difícil creer esa historia y me pareció raro que me regalara el cuadro, a pesar del valor emotivo y sentimental que tenía

- ¿Y entonces por qué me regaló el cuadro? – Pregunté, atento a la expresión de su rostro.

- Doctor, usted salvó mi vida y estoy enormemente agradecido. No sabía cómo pagarle, así que decidí entregarle algo que tuviera un enorme valor sentimental para mi familia y para mí – 

Sus ojos se cristalizaron y dio media vuelta para ocultar sus lágrimas. Por un momento pude sentir una paz interior, aquella que había perdido hacía algún tiempo y me limité a decir: 

- Es usted una persona muy amable y sincera. Muchas gracias –

- Gracias a usted doctor – dijo mientras giraba su cabeza hacia mí 

Era imposible encontrar malas intenciones en sus acciones. No descartaba la posibilidad de que estuviera mintiendo, pero sus palabras resultaron convincentes. Entonces rondó por mi mente un pequeño detalle de gran importancia: El pintor del cuadro. 

- ¿Y sabe usted que es de la vida del autor del cuadro? - 

- Se suicidó – dijo – lo encontraron sentado en una silla en medio de su taller, con un tiro en la cabeza y sosteniendo aún el revólver con su mano izquierda- 

- Ya veo – dije con cierta satisfacción, como si aquella respuesta explicara todos los sucesos diabólicos que rondaban en torno a ese cuadro. 

- Dicen que fue por problemas económicos – continuó – pero sospecho que había algo más que lo condujera a tan aberrante final-

- ¿Por qué lo dice? – Pregunté. 

- Lo conocí muy poco, pero siempre me pareció un hombre extraño. Y desde niño siempre me dio la impresión de estar obsesionado con sus cuadros. Le obsesionaba que las miradas de sus personajes fueran perfectas, pero, en fin, solo estoy diciendo locuras –

Estuve a punto de decirle todo lo que estaba ocurriendo en mi casa, pero algo me detuvo. Quizás el temor de ser visto como un desquiciado se imponía sobre mis actos. Quería creerlo. 

- ¿Sería mucha molestia si pudiera ver una vez más el cuadro de mi abuelo?– dijo, deteniendo el caos que se generaba en mi cabeza 

Sin titubeos le dije que sí, y ambos nos embarcamos en el auto directo a la “casa del horror” 

En el camino fuimos conversando sobre el partido de futbol del día anterior, el cual no había visto pero sí había escuchado comentarios en la radio. 

Llegamos a la casa y tan pronto cuando nos bajamos del auto, pude sentir ese aire de tristeza y sufrimiento que tanto me enfermaba. Entramos a la casa y de inmediato se pudo ver el cuadro, glorioso a la vista de todo el que entrara, resplandeciendo el lugar y ocultando su terrible y demoniaco secreto. Orlando se quedó allí, en el umbral de la puerta observando detenidamente el cuadro, como si fuera la primera vez que lo hubiera visto. Se acercó lentamente, a paso hipnótico, sin quitarle la vista. Yo me limitaba simplemente a observar sus acciones. Y de repente se detuvo a mitad de camino, volvió su mirada hacia mí y sonrió. Era una sonrisa plena, como si su felicidad estuviera completa. Me extrañó mucho su mirada, por lo que le dije:

- ¿Qué ocurre? –

- No es nada – respondió – simplemente había olvidado esa mirada-

Sus palabras fueron como una estaca directamente clavada al corazón. No entendía el sentido de sus palabras, no comprendía nada. Mi mente quedó en blanco y sin capacidad de razonar. 

Orlando se acercó a mí y colocó su mano derecha en mi hombro izquierdo y me agradeció por permitirle ver el cuadro de su abuelo y que era hora de marcharse. Le dije instintivamente que lo llevaba a su casa, pero dijo:

- Está bien doctor, no se preocupe. Yo caminaré hasta mi casa…. Me siento con ánimos en esta mañana- 

No lo detuve, no pude hacerlo. Simplemente lo vi irse y perderse entre las personas, volteando su mirada una sola vez para decir adiós.



Aquel martes de septiembre fue particularmente aterrador. Mi familia ya me había abandonado hacía un par de semanas y desde entonces me sentía desprotegido ante esa fuerza demoniaca que cada día se adentraba más y más en mis emociones. Regresaba a casa a altas horas de la noche evitando estar en lo más mínimo con esa mujer merodeando por doquier. Me quedaba un par de horas más en el consultorio haciendo cualquier cosa que me ocupara la mente, o simplemente me iba a la tienda de la esquina a esperar que el tiempo recorriera su camino, tomando un par de cervezas y en ocasiones entablando una conversación con el dueño de la tienda. Tan pronto como llegué a esa espeluznante casa del horror, pude verla ahí, con todos los focos apagados. Era total la oscuridad, así como el interior de mi mente. Me quedé un par de minutos en el interior del auto, tomando fuerzas para entrar a “mi hogar” y poder dormir. Por más extraño y contradictorias suenen mis palabras, aquel cuadro se había apoderado por completo de mí. Dependía de él y me atormentaba en cada momento de mi vida. Estaba adicto a esa mujer de ojos hermosos y demoniacos. Transcurrieron unos diez minutos, tal vez más, hasta que pude bajarme del auto y entrar a la casa. Me dirigía lentamente con las llaves rebozando en mis manos y cuando estuve en la puerta, preparé mis oídos para escuchar una vez más esa melodía que no tenía origen alguno. Entré a la casa y todo estaba oscuro y sorpresivamente en silencio. Sentía más temor como ningún otro día. No sabía qué se podía esconder entre las cortinas de soledad y oscuridad que se alzaban ante mis ojos. Rápidamente busqué el encendedor de la lámpara que estaba a no menos de unos cuantos centímetros de la entrada, hasta que por fin lo encontré. La luz se encendió, cegándome con su resplandeciente luminosidad. Dejé caer el bolso que llevaba colgado en mi hombro derecho y di unos cuantos pasos hacia adelante hasta llegar al pie de la escalera. Tenía mi vista puesta en el suelo, y tan pronto la alcé estuve al frente del cuadro. Mis ojos no podían creer lo que era testigo y pronto la angustia y el temor se hicieron casi palpables; la mujer no estaba en la pintura. Una simple imagen de una habitación adornada con la Venus del espejo se había convertido aquella obra que deslumbraba a visitantes y atormentaba mi vida. Pronto un río de lágrimas recorría mi rostro y caían impregnándose en mi camisa. Con un movimiento agresivo, giré mi cabeza hacia la derecha, donde estaba el comedor y no vi nada. Rápidamente di un giro hacia la izquierda, directo a la sala, y pude presenciar a lo lejos, sentado en un sofá, entre penumbras y dándome la espalda, la silueta de una persona. Quedé petrificado, mirando lo que quizás sería la viva imagen de la locura. El temor se desvaneció, las lágrimas desaparecieron de mi rostro y solo quedó un ente vacío en un cuarto penumbroso. Sin ser consciente de lo que hacía caminé directo a lo que podría ser mi final. Solo podía distinguir la silueta de su cabeza, y pude notar el castaño de su larga cabellera. Me Detuve a unos cuantos pasos de lo que ya estaba seguro de que era la mujer del cuadro, y me quedé observándola. Quería tocarla y comprobar que era real lo que estaba siendo testigo, pero una fuerza mayor a mi cerebro detuvo mi brazo. Sin darme vuelta y sin quitarle los ojos de encima a la presencia fantasmagórica caminé hacia la puerta de la casa tan lentamente sin hacer ningún ruido. Di un último vistazo y cerré la puerta y me encontré aplacado por la luz de la luna situado en un rincón apartado del cielo. Mis piernas no podían sostener más el peso de mi cuerpo, y pronto caí rendido al suelo sin fuerzas ni siquiera para gritar. Me quedé derrumbado en el asfalto y esperé tranquilamente hasta perder la conciencia y caer rendido a lo profundo de mis sueños.


La mañana siguiente desperté con un terrible dolor cervical, el cual impidió que me levantara rápidamente del suelo. Sin poder siquiera comprender y analizar aquel inusual suceso de la noche anterior, entré con mayor tranquilidad a la casa y pude ver el cuadro, colgado en la pared de la escalera, con la mujer posando su mirada a mi destrozado ser. Todo tipo de emociones afloraron a partir de esa última mirada que lanzó con aquellas malas intenciones. El miedo pronto fue disipándose y dio lugar a una ira incontenible que encendía el más puro odio que jamás había sentido por algo o alguien. 

- ¿Qué miras? – dije a la mujer del cuadro con un tono de voz alto

La mujer se quedó ahí, sin darme respuesta alguna y solo mirándome con esos hermosos ojos azules.

- ¡Maldita sea! ¿qué quieres de mí? Me quitaste todo lo que quería y amaba y me dejaste abandonado, por favor dime ¿qué carajos quieres de mí? – 


Pero aquella dama de exuberante cuerpo y hermosos ojos azules, permanecía estática, mirándome fijamente a los ojos. En un arranque de locura mezclada con odio y enojo acumulado a lo largo de intensos meses cargados de miseria y dolor, corrí hacia las escaleras, tomé el cuadro y de un golpe rompí la pintura en pedazos. Sin quedar satisfecho y con el odio hirviendo la sangre en mis venas, tomé lo que quedaba del cuadro y salí de la casa. Arrojando los restos a la mitad de la calle, tomé el carro y pasé una y otra vez encima de ellos hasta ver los restos esparcidos en el asfalto. Detuve el auto en la mitad del camino y me bajé con mucha prisa hasta caer arrodillado en el agrietado suelo. Grité con una fuerza que provenía de lo más profundo de mi corazón:

- ¡Por fin te has ido puta! – 

Y quedé arrodillado en la mitad de la calle, rodeado por varios vecinos curiosos que no ocultaban su cara de temor y asombro al ver mi rostro desquiciado de victoria……


Han estallado varios amaneceres después de la destrucción física de aquella pintura del infierno, pero aquellos ojos azules siguen mirándome en las noches. A pesar de haber destruido por completo ese cuadro, no he podido sacar de mi mente esa mirada encantadora, perversa, malvada, delirante……. Pero eso acabará pronto. Con el revólver que sostengo en mi mano izquierda terminaré finalmente con mi sufrimiento, y pronto me hallaré en una bolsa plástica con los sesos desparramados y una sonrisa victoriosa plasmada en mi rostro.





FIN



Un cuento de:
Miguel Ángel Ruiz Reyes